todas esas diferentes formas, para reducir la tasa de beneficio en todas ellas y dar así a la Gran Bretaña, en todas ellas, una superioridad sobre los demás países aún mayor de la que disfruta en la actualidad.
El monopolio del comercio con las colonias también ha desviado una parte del capital de la Gran Bretaña de todo comercio exterior de consumo hacia un comercio de transporte (carrying trade); y, por consiguiente, en lugar de sostener más o menos la industria de la Gran Bretaña, ha pasado a emplearse por completo en sostener en parte la de las colonias, y en parte la de algunos otros países.
Las mercancías, por ejemplo, que se compran anualmente con el gran excedente de ochenta y dos mil bocoyes de tabaco reexportados anualmente desde la Gran Bretaña, no se consumen todas en la Gran Bretaña.
Parte de ellas, lino de Alemania y Holanda, por ejemplo, se devuelve a las colonias para su consumo particular.
Pero esa parte del capital de la Gran Bretaña que compra el tabaco con el que después se compra este lino, se retrae necesariamente de apoyar la industria de la Gran Bretaña, para emplearse por entero en apoyar, en parte la de las colonias, y en parte la de los países particulares que pagan este tabaco con el producto de su propia industria.
El monopolio del comercio colonial además, al forzar hacia este una proporción de capital de la Gran Bretaña mucho mayor que la que naturalmente se habría dirigido a él, parece haber roto por completo ese equilibrio natural que de otro modo se habría producido entre todas las diferentes ramas de la industria británica. La industria de la Gran Bretaña, en lugar de adaptarse a un gran número de pequeños mercados, se ha adecuado principalmente a un gran mercado. Su comercio,