«Pues bien se sabe que el producto de las labores de un número dado, veinte por ejemplo, en la provisión de las necesidades o comodidades de la vida, será mucho mayor si se asigna a uno cierto tipo de trabajo de una sola clase en el que pronto adquirirá habilidad y destreza, y a otro se le asigna un trabajo de clase diferente, que si cada uno de los veinte se viera obligado a emplearse por turno en todas las diferentes clases de labor requeridas para su subsistencia sin la destreza suficiente en ninguna. En el primer método, cada uno procura una gran cantidad de bienes de una sola clase, y puede cambiar una parte de ella por aquellos bienes obtenidos por las labores de otros de los cuales tenga necesidad. Uno se vuelve experto en la labranza, otro en el pastoreo y la cría de ganado, un tercero en la albañilería, un cuarto en la caza, un quinto en la herrería, un sexto en las artes del telar, y así sucesivamente en el resto. Así, todos se abastecen mediante el trueque con las obras de artistas consumados. En el otro método, apenas nadie podría ser diestro ni hábil en ninguna clase de labor. > «Por otra parte, algunas obras de la mayor utilidad para multitudes pueden ser ejecutadas con eficacia mediante las labores conjuntas de muchos, que las labores separadas del mismo número jamás habrían podido ejecutar. La fuerza conjunta de muchos puede repeler los peligros provenientes de bestias salvajes o bandas de ladrones que habrían podido ser fatales para muchos individuos si hubieran de enfrentarse a ellos por separado. Las labores conjuntas de veinte hombres cultivarán bosques o desecarán pantanos, para haciendas de cada uno, y proporcionarán casas para habitación y cercados para sus rebaños, mucho antes que las labores separadas del mismo número. Mediante el acuerdo y el relevo
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Introducción del editor
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