Los capitales aumentan con la parsimonia y disminuyen con la prodigalidad y la mala conducta.
Todo lo que una persona ahorra de sus ingresos lo añade a su capital, y o bien lo emplea por sí misma en mantener un número adicional de trabajadores productivos, o bien permite que otra persona lo haga prestándoselo a interés, es decir, a cambio de una parte de los beneficios.
Del mismo modo que el capital de un individuo solo puede incrementarse mediante lo que este ahorra de sus ingresos anuales o de sus ganancias anuales, el capital de una sociedad —que es el mismo que el de todos los individuos que la componen— solo puede aumentar de la misma manera.
La frugalidad, y no la industria, es la causa inmediata del aumento del capital. La industria, en verdad, proporciona la materia que la frugalidad acumula. Pero por mucho que pudiera adquirir la industria, si la frugalidad no ahorrase y almacenase, el capital nunca sería mayor.
La frugalidad, al aumentar el fondo destinado al mantenimiento de los trabajadores productivos, tiende a incrementar el número de aquellos trabajadores cuyo trabajo añade valor al objeto sobre el cual se aplica.
Tiende, por lo tanto, a aumentar el valor de cambio del producto anual de la tierra y del trabajo del país. Pone en movimiento una cantidad adicional de industria, lo que otorga un valor adicional al producto anual.