“Primero, qué circunstancias regulan el precio de las mercancías;
“Segundo, el dinero desde dos puntos de vista diferentes, primero como medida de valor y luego como instrumento de comercio;
“Tercero, la historia del comercio, en la cual se tomarán en cuenta las causas del lento progreso de la opulencia, tanto en los tiempos antiguos como en los modernos, cuyas causas se demostrará que afectan a la agricultura o a las artes y manufacturas;
“Por último, los efectos de un espíritu comercial sobre el gobierno, el carácter y las costumbres de un pueblo, ya sean buenos o malos, y los remedios adecuados”.
Bajo el primero de estos encabezamientos trató del precio natural y del de mercado y de las diferencias en los salarios, y demostró «que cualquier política que tienda a elevar el precio de mercado por encima del natural, tiende a disminuir la opulencia pública».
Entre estas regulaciones perniciosas enumeró los impuestos sobre los artículos de primera necesidad, los monopolios y los privilegios exclusivos de las corporaciones. Las regulaciones que sitúan el precio de mercado por debajo del natural las consideraba igualmente perniciosas y, por tanto, condenaba la prima a la exportación de grano, que atraía hacia la agricultura un capital que habría estado mejor empleado en algún otro sector.
«La mejor política, con mucho, es dejar que las cosas sigan su curso natural».
Bajo el segundo apartado explicó las razones del uso del dinero como patrón común y su consecuente uso como instrumento del comercio.