no se han consumido por completo; tales como un suministro de ropa, muebles para el hogar y cosas por el estilo. En uno, en otro, o en todos estos tres rubros consiste el caudal que los hombres reservan comúnmente para su propio consumo inmediato.
Hay dos maneras diferentes en que un capital puede emplearse para rendir una renta o beneficio a su empleador.
Primero, puede emplearse en producir, fabricar o comprar mercancías, y volver a venderlas con un beneficio.
El capital empleado de esta manera no reditúa renta ni beneficio a su propietario mientras permanece en su poder o continúa bajo la misma forma. Las mercancías del comerciante no le producen renta ni beneficio hasta que las vende por dinero, y el dinero le produce tan poco hasta que es intercambiado de nuevo por mercancías.
Su capital se aleja continuamente de él bajo una forma y le regresa bajo otra, y solo mediante dicha circulación, o intercambios sucesivos, puede reportarle algún beneficio. Tales capitales, por consiguiente, pueden llamarse con toda propiedad capitales circulantes.
En segundo lugar, puede emplearse en la mejora de tierras, en la compra de máquinas útiles e instrumentos de comercio, o en cosas semejantes que producen una renta o beneficio sin cambiar de dueño ni circular más. Tales capitales, por lo tanto, pueden llamarse con mucha propiedad capitales fijos.
Las diferentes ocupaciones exigen proporciones muy distintas entre el capital fijo y el circulante empleados en ellas.
El capital de un comerciante, por ejemplo, es por completo un capital circulante. No tiene necesidad de máquinas ni instrumentos de trabajo, a menos que su tienda, o almacén, pueda considerarse como tal.