empleo de un cervecero, e incluso el de un vendedor al por menor de bebidas fermentadas, son divisiones del trabajo tan necesarias como cualquier otra. Por lo general, le resultará más ventajoso a un obrero comprar al cervecero la cantidad que necesite que elaborarla él mismo; y si es un obrero pobre, por lo general le resultará más ventajoso comprársela poco a poco al detallista que una gran cantidad al cervecero. Sin duda puede comprar demasiado a cualquiera de los dos, como puede hacerlo con cualquier otro comerciante de su vecindario: al carnicero, si es un glotón, o al mercader de telas, si pretende presumir de elegante ante sus compañeros. No obstante, es ventajoso para el conjunto de los trabajadores que todos estos comercios sean libres, aunque esta libertad pueda ser objeto de abuso en todos ellos, y tal vez sea más probable que lo sea en unos que en otros. Aunque los particulares, además, puedan arruinar a veces sus fortunas por un consumo excesivo de bebidas fermentadas, no parece haber ningún riesgo de que una nación haga lo mismo. Aunque en todos los países hay muchas personas que gastan en tales bebidas más de lo que pueden permitirse, siempre hay muchas más que gastan menos. Merece la pena señalar también que, si consultamos la experiencia, la baratura del vino parece ser una causa de sobriedad, y no de embriaguez. Los habitantes de los países vitivinícolas son en general la gente más sobria de Europa; testigo de ello son los españoles, los italianos y los habitantes de las provincias del sur de Francia. * Rara vez se incurre en excesos con aquello que constituye el sustento diario. * Nadie pretende ostentar un carácter de generosidad y buena compañía derrochando un licor tan barato como la cerveza floja. Por el contrario, en los países que, ya sea por un calor o un frío excesivos, no producen uvas, y donde el vino es por consiguiente caro y
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III. De las restricciones extraordinarias a la importación de mercancías de casi todas clases, procedentes de aquellos países con los
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