generales de la política de las diferentes naciones europeas con respecto a sus colonias.
La política de Europa, por lo tanto, tiene muy poco de qué enorgullecerse, ya sea en el establecimiento original o, en lo que respecta a su gobierno interno, en la prosperidad subsiguiente de las colonias de América.
La insensatez y la injusticia parecen haber sido los principios que presidieron y dirigieron el primer proyecto de establecer aquellas colonias; la insensatez de ir en busca de minas de oro y plata, y la injusticia de codiciar la posesión de un país cuyos inofensivos nativos, lejos de haber agraviado jamás a las gentes de Europa, habían recibido a los primeros aventureros con toda muestra de bondad y hospitalidad.
Los aventureros, en verdad, que formaron algunos de los establecimientos posteriores, unieron, al quimérico proyecto de encontrar minas de oro y plata, otros motivos más razonables y más loables; pero aun estos motivos