como los tártaros y los árabes, la naturaleza consumible de sus bienes hace necesariamente que todas esas regulaciones
Una revolución de la mayor importancia para la felicidad pública se llevó a cabo de este modo por dos órdenes de personas diferentes, que no tenían la menor intención de servir al público.
Satisfacer la vanidad más infantil fue el único motivo de los grandes propietarios. Los mercaderes y artesanos, mucho menos ridículos, actuaron meramente con vistas a su propio interés, y en la persecución de su propio principio de buhoneros de ganar un centavo dondequiera que se pudiera ganar un centavo.
Ninguno de ellos tenía conocimiento ni previsión de esa gran revolución que la necedad de los unos y la industria de los otros estaban realizando gradualmente.
Es así como a través de la mayor parte de Europa el comercio y las manufacturas de las ciudades, en lugar de ser el efecto, han sido la causa y la ocasión del mejoramiento y cultivo del campo.
Este orden, sin embargo, al ser contrario al curso natural de las cosas, es necesariamente a la vez lento e incierto. Compárese el lento progreso de aquellos países europeos cuya riqueza depende en gran medida de su comercio y manufacturas, con los rápidos avances de nuestras colonias norteamericanas, cuya riqueza se fundamenta enteramente en la agricultura. * En la mayor parte de Europa, no se supone que el número de habitantes se duplique en menos de quinientos años. * En varias de nuestras colonias norteamericanas, se constata que se duplica en veinte o veinticinco años. En Europa, la ley de primogenitura y los mayorazgos de distinta índole impiden la división de las grandes haciendas y obstaculizan con