o diez por ciento sobre un capital de diez mil. El comercio del tendero puede ser necesario para la comodidad de los habitantes, y la escasez del mercado tal vez no permita la inversión de un capital mayor en ese negocio. El hombre, sin embargo, no solo debe vivir de su oficio, sino vivir de él en consonancia con las cualificaciones que este exige. Además de poseer un pequeño capital, debe saber leer, escribir y hacer cuentas, y ser también un juez razonable de, tal vez, cincuenta o sesenta clases distintas de mercancías, de sus precios, calidades y de los mercados donde se pueden conseguir al precio más bajo. En resumen, debe poseer todos los conocimientos necesarios para ser un gran comerciante, de cuya condición solo le aparta la falta de un capital suficiente. Treinta o cuarenta libras al año no pueden considerarse una retribución excesiva para el trabajo de una persona tan competente. Si se deduce esto de las ganancias aparentemente cuantiosas de su capital, apenas quedará algo más que los beneficios ordinarios del capital. La mayor parte de la ganancia aparente es, también en este caso, salario real.
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X. De los salarios y el beneficio en las diferentes ocupaciones del trabajo y del capital
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