en vez de fluir por un gran número de pequeños cauces, se le ha enseñado a discurrir principalmente por un gran cauce. Pero todo el sistema de su industria y de su comercio se ha vuelto con ello menos seguro; todo el estado de su cuerpo político, menos saludable de lo que habría sido de otro modo. En su condición actual, la Gran Bretaña se parece a esos cuerpos enfermizos en los que algunas de las partes vitales están hipertrofiadas, y que, por esa causa, son propensos a muchos trastornos peligrosos que apenas afectan a aquellos en los que todas las partes están más debidamente proporcionadas. Una pequeña interrupción en ese gran vaso sanguíneo, que ha sido hinchado artificialmente más allá de sus dimensiones naturales y a través del cual se ha forzado a circular a una proporción antinatural de la industria y el comercio del país, es muy probable que provoque los trastornos más peligrosos en todo el cuerpo político. La expectativa de una ruptura con las colonias, en consecuencia, ha infundido en el pueblo de la Gran Bretaña más terror del que jamás sintió por una armada española o una invasión francesa. Fue este terror, con fundamento o sin él, el que hizo que la derogación de la ley del timbre fuera una medida popular, al menos entre los comerciantes. Ante la exclusión total del mercado colonial, incluso si fuera a durar solo unos pocos años, la mayor parte de nuestros comerciantes solía vislumbrar una paralización total de su comercio; la mayor parte de nuestros maestros fabricantes, la ruina absoluta de su negocio; y la mayor parte de nuestros obreros, el fin de su empleo. Una ruptura con cualquiera de nuestros vecinos del continente, aunque es probable que también ocasione alguna paralización o interrupción en las ocupaciones de algunos de todos estos diferentes
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VII. De las Colonias
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