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nydus/The Wealth of NationsPublic
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II. De las restricciones a la importación de aquellos productos extranjeros que se pueden producir en el país

a una expulsión, y ni el público ni los particulares sufrirán mucho más por el licenciamiento ocasional de ciertas clases particulares de artesanos que por el de los soldados. Nuestros artesanos tienen sin duda un gran mérito ante su país, pero no pueden tener más que quienes lo defienden con su sangre, ni merecen ser tratados con

Esperar, en verdad, que la libertad de comercio sea jamás enteramente restablecida en la Gran Bretaña, es tan absurdo como esperar que en ella se llegue a establecer una Oceana o una Utopía. No solo los prejuicios del público, sino, lo que es mucho más irreductible, los intereses privados de muchos particulares, se oponen a ello de modo irresistible. * Si los oficiales del ejército se opusieran con el mismo celo y unanimidad a cualquier reducción en el número de tropas con que los grandes fabricantes se oponen a cualquier ley que pueda aumentar el número de sus rivales en el mercado nacional; * si los primeros incitaran a sus soldados, del mismo modo que los segundos soliviantan a sus obreros, a atacar con violencia y atropello a los proponentes de cualquiera de tales regulaciones; * intentar reducir el ejército sería tan peligroso como hoy se ha vuelto intentar disminuir en cualquier aspecto el monopolio que nuestros fabricantes han obtenido en contra nuestra. Este monopolio ha aumentado tanto el número de algunas castas particulares de ellos que, como un ejército permanente y desmesurado, se han vuelto formidables para el gobierno y, en muchas ocasiones, intimidan al poder legislativo. > El miembro del parlamento que apoya toda propuesta destinada a fortalecer este monopolio

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