Jorge III, que incluye los cueros y pieles entre los productos enumerados y, por lo tanto, tiende a reducir el valor del ganado americano.
Aumentar el poderío marítimo y naval de la Gran Bretaña, mediante la expansión de las pesquerías de nuestras colonias, es un objetivo que el poder legislativo parece haber tenido casi constantemente a la vista.
Esas pesquerías, por esta razón, han recibido todo el estímulo que la libertad puede otorgarles, y han prosperado en consecuencia.
La pesquería de Nueva Inglaterra en particular era, antes de los recientes disturbios, una de las más importantes, tal vez, del mundo. La pesca de la ballena que, a pesar de una prima extravagante, se lleva a cabo en la Gran Bretaña con tan poco éxito que, en opinión de muchas personas (la cual, sin embargo, no pretendo garantizar), el producto total no supera por mucho el valor de las primas que se pagan anualmente por ella, se lleva a cabo en Nueva Inglaterra sin ninguna prima y a una escala muy considerable.
El pescado es uno de los principales artículos con los que los norteamericanos comercian con España, Portugal y el Mediterráneo.
El azúcar era originalmente un producto enumerado que solo podía exportarse a Gran Bretaña. Pero en 1731, a instancia de los cultivadores de azúcar, se permitió su exportación a todas partes del mundo. Las restricciones, sin embargo, con las que se concedió esta libertad, unidas al elevado precio del azúcar en Gran Bretaña, la han vuelto, en gran medida, ineficaz. Gran Bretaña y sus colonias siguen siendo casi el único mercado para todo el azúcar producido en las plantaciones británicas. Su consumo aumenta tan rápidamente que, aunque a consecuencia del creciente desarrollo de Jamaica, así como de las Islas Cedidas, la importación de azúcar ha aumentado muchísimo en estos últimos veinte años, se dice