pudiera sufragar la paga y las provisiones de un ejército sería demasiado elevado. Pocos países, además, producen mucho más producto bruto del que es suficiente para la subsistencia de sus propios habitantes. Enviar al extranjero una gran cantidad de este, por lo tanto, equivaldría a exportar una parte de la subsistencia necesaria del pueblo. Ocurre lo contrario con la exportación de manufacturas. El sustento de las personas empleadas en ellas se queda en el país, y solo se exporta la parte excedente de su trabajo. El señor Hume señala con frecuencia la incapacidad de los antiguos reyes de Inglaterra para llevar a cabo, sin interrupción, cualquier guerra extranjera de larga duración. Los ingleses, en aquellos tiempos, no tenían con qué sufragar la paga y las provisiones de sus ejércitos en países extranjeros, salvo el producto bruto de la tierra —del cual no se podía prescindir en ninguna parte considerable sin afectar al consumo interno— o unas pocas manufacturas de la peor calidad, cuyo transporte, al igual que el de los productos brutos, resultaba demasiado costoso. Esta incapacidad no provenía de la falta de dinero, sino de la escasez de manufacturas más finas y elaboradas. En la Inglaterra de entonces, la compraventa se realizaba mediante dinero tanto como ahora. La cantidad de dinero circulante debió de guardar la misma proporción respecto al número y valor de las compras y ventas que se efectuaban habitualmente en aquella época que la que guarda con las que se realizan en la actualidad; o más bien debió de guardar una proporción mayor, debido a que entonces no existía el papel moneda, el cual ocupa hoy gran parte de la función del oro y la plata. Entre las naciones en las que el comercio y las manufacturas son poco conocidos, el soberano, en ocasiones extraordinarias, rara vez puede obtener una ayuda considerable de sus súbditos, por razones que se explicarán más adelante. Es en tales países, por lo tanto, donde por lo general procura acumular un tesoro como el único recurso frente a tales emergencias. Independientemente de esta necesidad, en semejante situación se halla inclinado de forma natural a la parsimonia requerida para la acumulación. En ese estado simple, el gasto incluso de un
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I. Del principio del sistema comercial o mercantil
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