ocasionara en la moneda necesaria del reino, el Banco de Inglaterra se veía obligado a suplirlo. Los bancos escoceses, sin duda, pagaron muy caro su propia imprudencia y negligencia. Pero el Banco de Inglaterra pagó muy caro, no solo su propia imprudencia, sino la imprudencia mucho mayor de casi todos los bancos escoceses.
El exceso de operaciones comerciales de algunos audaces proyectistas en ambas partes del reino unido fue la causa original de esta circulación excesiva de papel moneda.
Lo que un banco puede adelantar con propiedad a un comerciante o empresario de cualquier clase, no es todo el capital con el que comercia, ni siquiera una parte considerable de ese capital; sino únicamente aquella parte del mismo que, de otro modo, se vería obligado a conservar ociosa y en dinero efectivo para atender a demandas imprevistas.
Si el dinero de papel que el banco adelanta nunca excede este valor, jamás podrá exceder el valor del oro y la plata que necesariamente circularían en el país si no hubiera dinero papel; jamás podrá exceder la cantidad que la circulación del país pueda absorber y emplear fácilmente.