Cuando se erige una máquina costosa, debe esperarse que el trabajo extraordinario que ha de realizar antes de desgastarse reemplace el capital invertido en ella, con al menos los beneficios ordinarios.
Un hombre educado a expensas de mucho trabajo y tiempo para cualquiera de esas ocupaciones que requieren destreza y habilidad extraordinarias puede ser comparado con una de esas máquinas costosas. Debe esperarse que el trabajo que aprende a realizar, por encima de los salarios habituales del trabajo común, le reemplace todo el gasto de su educación, con al menos los beneficios ordinarios de un capital igualmente valioso.
Debe hacerlo también en un tiempo razonable, teniendo en cuenta la duración muy incierta de la vida humana, del mismo modo que se tiene en cuenta la duración más cierta de la máquina.
La diferencia entre los salarios del trabajo calificado y los del trabajo común se funda en este principio.
La política de Europa considera el trabajo de todos los artesanos, oficiales y fabricantes como trabajo calificado, y el de todos los trabajadores del campo como trabajo común. Parece suponer que el de los primeros es de una índole más fina y delicada que el de los segundos. Tal vez lo sea en algunos casos; pero en la mayor parte es muy al contrario, como procuraré demostrar más adelante.
Las leyes y costumbres de Europa, por consiguiente, con el fin de capacitar a cualquier persona para el ejercicio de la primera especie de trabajo, imponen la necesidad de un aprendizaje, aunque con diferentes grados de rigor en distintos lugares. Dejan el otro libre y abierto a todo el mundo.