Sus empleadores constituyen el tercer orden, el de aquellos que viven del beneficio. Es el capital empleado con el fin de obtener un beneficio el que pone en movimiento la mayor parte del trabajo útil de toda sociedad. Los planes y proyectos de los empleadores de capital regulan y dirigen todas las operaciones más importantes del trabajo, y el beneficio es el fin que se proponen todos esos planes y proyectos. Pero la tasa de beneficio no asciende con la prosperidad de la sociedad ni desciende con su decadencia, como ocurren con la renta y los salarios. Por el contrario, es naturalmente baja en los países ricos y alta en los pobres, y es siempre más alta en aquellos países que marchan más rápidamente hacia su ruina. El interés de este tercer orden, por lo tanto, no guarda la misma relación con el interés general de la sociedad que el de los otros dos. Los comerciantes y los grandes fabricantes son, dentro de este orden, las dos clases de personas que habitualmente emplean los capitales más cuantiosos y que, por su riqueza, atraen hacia sí la mayor parte de la consideración pública. Como durante toda su vida se dedican a planes y proyectos, poseen con frecuencia mayor agudeza de entendimiento que la mayor parte de los caballeros del campo. Sin embargo, como sus pensamientos se ejercitan habitualmente más en torno al interés de su propia rama particular de negocios que en torno al de la sociedad, su juicio, aun cuando sea emitido con la mayor franqueza (lo cual no ha ocurrido en todas las ocasiones), es mucho más digno de confianza respecto al primero de esos dos objetos que respecto al segundo. Su superioridad sobre el caballero del campo no radica tanto en su conocimiento del interés público como en el hecho de poseer un mejor conocimiento de su propio interés que el que aquel tiene del suyo. Es
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XI. De la renta de la tierra
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