ellos en mantener el de Polonia, y el otro el de Portugal. Solo los beneficios retornan regularmente a Holanda, y constituyen el total de la adición que este comercio hace necesariamente al producto anual de la tierra y del trabajo de ese país. Cuando, en verdad, el comercio de transporte de un país determinado se lleva a cabo con los barcos y marineros de ese país, aquella parte del capital empleado en él que paga el flete se distribuye entre un cierto número de trabajadores productivos de ese país, poniéndolos en movimiento. Casi todas las naciones que han tenido una participación considerable en el comercio de transporte lo han llevado a cabo, de hecho, de esta manera. Probablemente el comercio mismo haya derivado su nombre de ello, al ser la gente de tales países los transportistas de otros países. Sin embargo, no parece esencial para la naturaleza del comercio que deba ser así. Un comerciante holandés puede, por ejemplo, emplear su capital en realizar el comercio de Polonia y Portugal, transportando parte del excedente de la producción de uno al otro, no en barcos holandeses, sino británicos. Es de presumir que efectivamente lo haga en algunas ocasiones particulares. Es debido a esto, sin embargo, por lo que se ha supuesto que el comercio de transporte es peculiarmente ventajoso para un país como Gran Bretaña, cuya defensa y seguridad dependen del número de sus marineros y barcos. Pero el mismo capital puede emplear tantos marineros y barcos, ya sea en el comercio exterior de consumo, o incluso en el comercio interior, cuando se realiza mediante buques de cabotaje, como podría hacerlo en el comercio de transporte. El número de marineros y barcos que cualquier capital particular puede emplear no depende de la naturaleza del comercio, sino en parte del volumen de las mercancías en proporción a su valor, y en parte de la distancia de los puertos entre los cuales han de ser transportadas; principalmente de la primera de estas dos
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V. De las diferentes inversiones de capitales
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