Jamás puede ser interés de los propietarios y de los cultivadores restringir o desalentar en modo alguno la industria de los comerciantes, artesanos y fabricantes.
Cuanta mayor sea la libertad de que goza esta clase improductiva, mayor será la competencia en todos los diversos oficios que la componen, y más baratos se proveerán las otras dos clases, tanto de mercancías extranjeras como del producto manufacturado de su propio país.
Nunca puede ser del interés de la clase improductiva oprimir a las otras dos clases.
Es el producto excedente de la tierra, o lo que queda tras deducir el mantenimiento, primero, de los cultivadores, y después, de los propietarios, lo que mantiene y emplea a la clase improductiva. Cuanto mayor sea este excedente, mayor debe ser asimismo el mantenimiento y el empleo de dicha clase.
El establecimiento de la justicia perfecta, de la libertad perfecta y de la igualdad perfecta es el sencillísimo secreto que asegura con mayor eficacia el más alto grado de prosperidad a las tres clases.
Los comerciantes, artesanos y fabricantes de aquellos Estados mercantiles que, como Holanda y Hamburgo, consisten principalmente en esta clase improductiva, son mantenidos y empleados de la misma manera por entero a expensas de los propietarios y cultivadores de la tierra.
La única diferencia es que aquellos propietarios y cultivadores están, en su mayor parte, situados a una distancia de lo más inconveniente respecto de los comerciantes, artesanos y fabricantes a quienes suministran los materiales de su trabajo y el fondo de su subsistencia; son los habitantes de otros países y los súbditos de otros gobiernos.
Tales estados mercantiles, sin embargo, no son solo útiles, sino muy útiles para los habitantes de esos otros países. Llenan, en cierta medida, un