ha satisfecho su capricho.
El gasto, además, que se destina a mercancías duraderas, da sustento, por lo común, a un número mayor de personas que el que se emplea en la más pródiga hospitalidad.
De dos o tres cientes libras de provisiones que a veces se sirven en un gran banquete, la mitad, tal vez, se arroja al basurero, y siempre hay una gran cantidad que se desperdicia y malgasta.
Pero si el gasto de este banquete se hubiera empleado en poner a trabajar a albañiles, carpinteros, tapiceros, mecánicos, etc., una cantidad de provisiones de igual valor se habría distribuido entre un número aún mayor de personas, las cuales las habrían comprado por porciones de un penique y libras de peso, sin perder ni arrojar una sola onza de ellas.
De la primera manera, además, este gasto mantiene a manos productivas; de la segunda, a improductivas. De la primera manera, por lo tanto, aumenta, y de la segunda no aumenta, el valor de cambio del producto anual de la tierra y del trabajo del país.