Tales talentos rara vez pueden adquirirse sino como consecuencia de una larga aplicación, y el valor superior de su producto acaso no sea más que una compensación razonable por el tiempo y el trabajo que deben emplearse en adquirirlos. En el estado avanzado de la sociedad, compensaciones de esta clase, por la mayor penuria y la mayor habilidad, se hacen comúnmente en los salarios del trabajo; y algo de la misma índole debió de tener lugar probablemente en su período más temprano y rudimentario.
En este estado de cosas, todo el producto del trabajo pertenece al trabajador; y la cantidad de trabajo empleado comúnmente en adquirir o producir cualquier mercancía es la única circunstancia que puede regular la cantidad de trabajo que este debe poder comprar, mandar o intercambiar comúnmente.
Tan pronto como el capital se ha acumulado en manos de personas particulares, algunas de ellas lo emplearán naturalmente en poner a trabajar a gente industriosa, a quienes proveerán de materiales y subsistencia, con el fin de obtener un beneficio por la venta de su trabajo, o por lo que su labor añade al valor de los materiales. Al cambiar la manufactura completa, ya sea por dinero, por trabajo o por otras mercancías, además de lo que pueda ser suficiente para pagar el precio de los materiales y los salarios de los obreros, debe darse algo para los beneficios del empresario de la obra, quien arriesga su capital en esta aventura. El valor que los obreros añaden a los materiales, por lo tanto, se descompone en este caso en dos partes, de las cuales la una paga sus salarios, y la otra los beneficios de su empleador sobre el capital total de materiales y salarios que adelantó. * No tendría ningún interés en emplearles, a menos que esperara de la venta de su trabajo algo más que lo suficiente para