Bajar y subir las monedas son operaciones injustas y perniciosas. Las minas copiosas abaten el valor de los metales preciosos.
“El patrón mismo varía insensiblemente; y por tanto, si quisiéramos fijar salarios que en todas circunstancias cumplieran los mismos propósitos de la vida, o mantuvieran a quienes tienen derecho a ellos en la misma condición con respecto a los demás, no deberían fijarse ni en los nombres legales de la moneda, ni en un cierto número de onzas de oro y plata.
Un decreto estatal puede cambiar los nombres legales; y el valor de las onzas puede alterarse por el aumento o la disminución de las cantidades de estos metales.
Tampoco deben tales salarios fijarse en cantidad alguna de manufacturas más ingeniosas, pues los ingeniosos artificios para facilitar el trabajo pueden reducir el valor de dichos bienes.
El salario más invariable sería una cantidad determinada de días de trabajo de los hombres, o una cantidad fija de bienes producidos por la labor sencilla y sin artificios, aquellos bienes que satisfacen los propósitos ordinarios de la vida. Las cantidades de grano son las que más se aproximan a semejante patrón.”
Los precios de las mercancías dependen de los gastos, del interés del dinero empleado y de «las labores también, el cuidado, la atención, las cuentas y la correspondencia relativas a ellas». A veces debemos «tener en cuenta asimismo la condición de la persona así empleada», ya que «los gastos de su posición en la vida deben ser sufragados por el precio de tales labores; y estas merecen compensación