de una nación hacia la riqueza y la prosperidad, y mucho menos de hacerla retroceder. Si una nación no pudiera prosperar sin el goce de la libertad perfecta y de la justicia perfecta, no habría en el mundo una sola nación que hubiese podido prosperar jamás. En el cuerpo político, sin embargo, la sabiduría de la naturaleza ha provisto afortunadamente de manera amplia para remediar muchos de los malos efectos de la insensatez y la injusticia del hombre; del mismo modo en que lo ha hecho en el cuerpo natural para remediar los de su pereza y su intemperancia.
El error capital de este sistema, sin embargo, parece radicar en representar a la clase de los artesanos, fabricantes y comerciantes como totalmente estéril e improductiva. Las siguientes observaciones pueden servir para mostrar lo impropio de esta representación.
Primero, se reconoce que esta clase reproduce anualmente el valor de su propio consumo anual, y asegura, al menos, la existencia del fondo o capital que la mantiene y emplea.
Pero solo por esta razón, la denominación de estéril o improductiva parecería aplicársele de manera muy impropia. No llamaríamos a un matrimonio estéril o improductivo aunque solo produjera un hijo y una hija para reemplazar al padre y a la madre, y aunque no aumentara el número de la especie humana, sino que solo lo mantuviera como era antes.
Los agricultores y los trabajadores del campo, en verdad, por encima del fondo que los mantiene y emplea, reproducen anualmente un producto neto, una renta libre para el terrateniente. Así como un matrimonio que da tres hijos es ciertamente más productivo que uno que solo da dos; de igual modo, el trabajo de los agricultores y de los trabajadores del campo es sin duda más productivo que el de los mercaderes, artesanos y fabricantes. Sin embargo, el producto superior de una clase no hace que la otra sea estéril o improductiva.