el dinero que se les enviaba volvía a nosotros a través de la balanza comercial, y que jamás podíamos empobrecernos ni en un céntimo por ningún gasto que realizáramos en ellas. Eran nuestras en todos los aspectos, y se trataba de un gasto realizado en la mejora de nuestra propia propiedad y para el empleo provechoso de nuestra propia gente. Es innecesario, a mi parecer, decir nada más por ahora para exponer la insensatez de un sistema que la experiencia fatal ya ha dejado suficientemente al descubierto. De haber sido realmente nuestras colonias americanas una parte de Gran Bretaña, esas primas habrían podido considerarse como primas a la producción, y habrían estado igualmente expuestas a todas las objeciones a las que tales primas están sujetas, pero a ninguna otra.
La exportación de las materias primas para la manufactura se desalienta a veces mediante prohibiciones absolutas, y a veces mediante aranceles elevados.
Nuestros fabricantes de lana han tenido más éxito que cualquier otra clase de artesanos en persuadir al legislativo de que la prosperidad de la nación dependía del éxito y la expansión de su negocio en particular. No sólo han obtenido un monopolio contra los consumidores mediante la prohibición absoluta de importar paños de lana de cualquier país extranjero; sino que asimismo han obtenido otro monopolio contra los ganaderos ovejeros y productores de lana, mediante una prohibición similar de la exportación de ovejas vivas y lana. De la severidad de muchas de las leyes promulgadas para la seguridad de la hacienda pública se queja uno con toda justicia, por imponer duras penas a acciones que, antes de los estatutos que las declararon delitos, siempre se había entendido que eran inocentes.