“Que de la multiplicidad de esas necesidades dependían todos aquellos servicios recíprocos que los miembros individuales de una sociedad se prestan unos a otros: y que, en consecuencia, cuanto mayor fuera la variedad de necesidades, mayor sería el número de individuos que podrían encontrar su interés privado en laborar por el bien de los demás y, unidos entre sí, componer un solo cuerpo.”
Si tenemos en cuenta la crítica de Smith a Hutcheson y Mandeville en capítulos contiguos de los Moral Sentiments, y recordamos además que casi con toda seguridad debió de familiarizarse con la Fable of the Bees cuando asistía a las clases de Hutcheson o poco después, difícilmente podemos dejar de sospechar que fue Mandeville quien primero le hizo comprender que «no es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés». Tomando la palabra «vicio» como un error por amor propio, Adam Smith podría