Una parte debe venderse a quienes están dispuestos a pagar menos, y el bajo precio que estos dan por ella debe reducir el precio del todo. El precio de mercado descenderá más o menos por debajo del precio natural, según que la magnitud del exceso aumente en mayor o menor medida la competencia de los vendedores, o según que les resulte más o menos importante deshacerse inmediatamente de la mercancía. El mismo exceso en la importación de mercancías perecederas ocasionará una competencia mucho mayor que en la de las duraderas; en la importación de naranjas, por ejemplo, que en la de hierro viejo.
Cuando la cantidad llevada al mercado es exactamente suficiente para abastecer la demanda efectiva y nada más, el precio de mercado llega naturalmente a ser, o bien exactamente, o tan cerca como pueda juzgarse, el mismo que el precio natural.
La totalidad de la cantidad disponible puede venderse por este precio, y no puede venderse por más. La competencia de los diferentes negociantes los obliga a todos a aceptar este precio, pero no los obliga a aceptar menos.
La cantidad de toda mercancía llevada al mercado se ajusta naturalmente a la demanda efectiva.
El interés de todos aquellos que emplean su tierra, su trabajo o su capital en llevar cualquier mercancía al mercado es que la cantidad nunca exceda la demanda efectiva; y el interés de todas las demás personas es que nunca sea inferior a dicha demanda.
Si en algún momento excede la demanda efectiva, alguna de las partes componentes de su precio deberá pagarse por debajo de su tasa natural. Si es la renta, el interés de los propietarios los impulsará inmediatamente a retirar una parte de su tierra; y si son los salarios o el beneficio, el interés