un estipendio o asignación cierta y suficiente, que no exceda de cincuenta y no sea inferior a veinte libras al año». Cuarenta libras al año se consideran hoy en día muy buena paga para un vicario, y a pesar de esta ley del Parlamento, hay muchas vicarías por debajo de veinte libras al año. Hay oficiales zapateros en Londres que ganan cuarenta libras al año, y apenas hay un obrero industrioso de cualquier clase en esa metrópoli que no gane más de veinte. Esta última suma, en efecto, no supera lo que frecuentemente ganan los jornaleros comunes en muchas parroquias rurales. Siempre que la ley ha intentado regular los jornales de los trabajadores, lo ha hecho más bien para bajarlos que para subirlos. Pero la ley ha intentado en muchas ocasiones subir el salario de los vicarios y, por la dignidad de la Iglesia, obligar a los rectores de las parroquias a darles más que el mísero mantenimiento que ellos mismos estarían dispuestos a aceptar. Y en ambos casos la ley parece haber sido igualmente ineficaz, y nunca ha sido capaz ni de subir el salario de los
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X. De los salarios y el beneficio en las diferentes ocupaciones del trabajo y del capital
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