pagan sucesivamente, deben ser siempre precisamente del mismo valor que dichas pensiones; al igual que debe serlo el ingreso de las diferentes personas a quienes se pagan. Ese ingreso, por lo tanto, no puede consistir en esas piezas metálicas, cuya cantidad es muy inferior a su valor, sino en el poder de compra, en las mercancías que pueden ser compradas sucesivamente con ellas a medida que circulan de mano en mano.
El dinero, por consiguiente, la gran rueda de la circulación, el gran instrumento del comercio, al igual que todos los demás instrumentos de la actividad mercantil, aunque forma parte y una parte muy valiosa del capital, no constituye ninguna parte de la renta de la sociedad a la que pertenece; y aunque las piezas metálicas de que se compone, en el curso de su circulación anual, distribuyen a cada hombre la renta que le pertenece propiamente, ellas mismas no forman parte de dicha renta.
En tercer y último lugar, las máquinas e instrumentos de comercio, etc., que componen el capital fijo, guardan esta otra semejanza con aquella parte del capital circulante que consiste en dinero: que así como todo ahorro en el gasto de erigir y mantener dichas máquinas, que no disminuya las facultades productivas del trabajo, es una mejora del producto neto de la sociedad, todo ahorro en el gasto de reunir y mantener esa parte del capital circulante que consiste en dinero es una mejora exactamente de la misma índole.
Es suficientemente evidente, y en parte ya se ha explicado, de qué manera cada economía en el gasto de sostenimiento del capital fijo constituye una mejora del producto neto de la sociedad. El capital total del empresario de cualquier obra se divide necesariamente entre su capital fijo y su circulante. Mientras su capital total permanezca invariable, cuanto menor sea una de las partes, mayor tendrá que ser necesariamente la otra. Es el capital circulante el que proporciona los materiales y los salarios del trabajo, y pone la industria en marcha. Toda economía, por tanto, en el