en su propia posesión o en la de alguna otra persona, una reserva suficiente para mantenerlo y para suministrarle los materiales y las herramientas de su trabajo, hasta que no solo haya terminado su tela, sino también la haya vendido. Esta acumulación debe ser, evidentemente, previa a que aplique su industria durante tanto tiempo a un oficio tan particular.
Como la acumulación del capital debe, por la naturaleza de las cosas, ser anterior a la división del trabajo, este solo puede subdividirse en mayor grado en proporción a lo que el capital se haya acumulado previamente.
La cantidad de materiales que el mismo número de personas puede elaborar aumenta en gran proporción a medida que el trabajo se subdivide cada vez más; y como las operaciones de cada obrero se reducen gradualmente a un mayor grado de simplicidad, se inventan diversas máquinas nuevas para facilitar y abreviar dichas operaciones.
A medida que avanza la división del trabajo, por lo tanto, para dar empleo constante a un número igual de obreros, debe acumularse de antemano un fondo igual de provisiones, y un fondo mayor de materiales y herramientas que el que habría sido necesario en un estado de cosas más rudimentario.
Pero el número de obreros en cada rama de actividad aumenta generalmente con la división del trabajo en esa misma rama, o más bien es el aumento de su número lo que les permite clasificarse y subdividirse de esta manera.
Como la acumulación de capital es previamente necesaria para llevar a cabo esta gran mejora en las facultades productivas del trabajo, esa misma acumulación conduce naturalmente a dicha mejora. La persona que emplea su capital en mantener el trabajo, desea necesariamente emplearlo de tal manera que produzca la mayor cantidad