un tanto por debajo de él. En el mercado de Europa, en la moneda francesa y en la moneda holandiza, una onza de oro fino se cambia por cerca de catorce onzas de plata fina. En la moneda inglesa, se cambia por cerca de quince onzas, es decir, por más plata de lo que vale según la estimación común de Europa. Pero así como el precio del cobre en barras no se eleva, ni siquiera en Inglaterra, por el alto precio del cobre en la moneda inglesa, el precio de la plata en lingotes tampoco se abata por la baja tasación de la plata en la moneda inglesa. La plata en lingotes conserva todavía su proporción adecuada con el oro; por la misma razón que el cobre en barras conserva su proporción adecuada con la plata.
A la sazón de la reforma de la moneda de plata en el reinado de Guillermo III, el precio del lingote de plata continuó estando algo por encima del precio de la casa de la moneda. El Sr. Locke atribuyó este precio elevado al permiso de exportar lingotes de plata y a la prohibición de exportar moneda de plata. Dicho permiso de exportación, afirmaba, hacía que la demanda de lingotes de plata fuera mayor que la demanda de moneda de plata. Pero el número de personas que necesitan moneda de plata para los usos comunes de compra y venta en el país es sin duda mucho mayor que el de aquellos que requieren lingotes de plata, ya sea para su exportación o para cualquier otro uso. Existe en la actualidad un permiso similar para la exportación de lingotes de oro, y una prohibición semejante de exportar moneda de oro; y, sin embargo, el precio del lingote de oro ha caído por debajo del precio de la casa de la moneda. No obstante, en la moneda inglesa la plata estaba entonces, del mismo modo que ahora, infravalorada en proporción al oro; y la moneda de oro (que en aquel tiempo tampoco se consideraba necesitada de reforma alguna) regulaba entonces, al igual que ahora, el valor real de toda la moneda.