Estaba a pocos pasos de su hospedaje. Entró como un hombre condenado a muerte. No pensaba en nada y era incapaz de pensar; pero sintió de repente en todo su ser que ya no le quedaba libertad de pensamiento, ni voluntad, y que todo estaba repentina e irrevocablemente decidido.
Ciertamente, si tenía que esperar años enteros una oportunidad propicia, no podía contar con un paso más seguro hacia el éxito del plan que el que se le acababa de presentar.
En cualquier caso, habría sido difícil averiguar de antemano y con certeza, con mayor exactitud y menor riesgo, y sin peligrosas averiguaciones e indagaciones, que al día siguiente a una hora determinada una vieja, contra cuya vida se planeaba un atentado, estaría en casa y completamente sola.