sospeché que en el fondo había alguna intriga canallesca. Empecé a sospecharlo por ciertas circunstancias especiales conocidas solo por mí, que en seguida voy a explicar a todo el mundo: ellas lo explican todo. Sus valiosos testimonios me lo han aclarado por fin todo. Ruego a todos, a todos, que escuchen. Este caballero (señaló a Luzhin) estaba prometido en matrimonio recientemente a una joven: mi hermana, Avdotia Románovna Raskólnikov. Pero al venir a Petersburgo se peleó conmigo, antes deayer, en nuestro primer encuentro, y lo eché de mi habitación; tengo dos testigos para probarlo. Es un hombre muy rencoroso. … Antes de ayer yo no sabía que él se hospedaba aquí, en su habitación, y que por consiguiente el mismo día en que nos peleamos —antes de ayer— me vio darle a Katerina Ivánovna un dinero para el entierro, como amigo del difunto señor Marmeládov. En seguida le escribió una nota a mi madre comunicándole que yo le había entregado todo mi dinero, no a Katerina Ivánovna, sino a Sofia Semiónovna, y aludió de una manera de lo más despreciable al… carácter de Sofia Semiónovna, es decir, insinuó la índole de mi actitud hacia Sofia Semiónovna. Todo esto, como comprenderán, tenía el propósito de separarme de mi madre y de mi hermana, sugiriendo que yo despilfarraba en objetos indignos el dinero que ellas me habían enviado y que era todo cuanto poseían. Ayer por la tarde, ante mi madre y mi hermana y en su presencia, declaré que le había dado el dinero a Katerina Ivánovna para el entierro y no a Sofia Semiónovna, y que no tenía ningún trato con Sofia Semiónovna y ni siquiera la había visto antes. Al mismo tiempo añadí que él, Piotr Petróvich Luzhin, con todas sus virtudes, no valía el dedo meñique de Sofia Semiónovna, por muy mal que hablara de ella. A su pregunta —de si dejaría que Sofia Semiónovna se sentara junto a mi hermana—, le contesté que ya lo había hecho ese mismo día.
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III
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