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nydus/Crime and PunishmentPublic
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V. Raskolnikov y Razumijin

solo hombre entre mil con una chispa de independencia. Uno entre diez mil tal vez —hablo a grandes rasgos, de forma aproximada— nace con cierta independencia, y con una independencia aún mayor, uno entre cien mil. El hombre de genio es uno entre millones, y los grandes genios, la corona de la humanidad, aparecen sobre la tierra tal vez uno entre muchos miles de millones. De hecho, no he mirado dentro de la retorta en donde todo esto tiene lugar. Pero hay sin duda, y debe haber, una ley definida; no puede ser cuestión del azar”.

—Pero ¿qué pasa, están bromeando los dos? —exclamó al fin Razumijin—. Ahí están sentados, burlándose el uno del otro. ¿Hablas en serio, Rodia?

Raskolnikov levantó su rostro pálido y casi apesadumbrado y no respondió. Y el sarcasmo inconcebido, persistente, nervioso y descortés de Porfiri le pareció extraño a Razumijin junto a aquel rostro tranquilo y apesadumbrado.

—Bien, hermano, si de verdad hablas en serio… Tienes razón, por supuesto, al decir que no es nuevo, que es como lo que ya hemos leído y oído mil veces; pero lo verdaderamente original en todo esto, y que es exclusivamente tuyo, para horror mío, es que tú autorizas el derramamiento de sangre en nombre de la conciencia y, con perdón, con semejante fanatismo… Ese, según entiendo, es el punto de tu artículo. Pero esa autorización del derramamiento de sangre por la conciencia es, a mi parecer… más terrible que la autorización oficial y legal del derramamiento de sangre…

—Tiene usted toda la razón, es más

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