“Qué tontería he hecho —pensó para sus adentros—, tienen a Sonia y yo lo quiero para mí”.
Pero pensando que ahora sería imposible retirarlo y que, en cualquier caso, no lo habría retirado, lo desestimó con un ademán de la mano y volvió a su alojamiento.
—Sonia también quiere pomada —iba diciendo mientras caminaba por la calle, y rió con malignidad—, tanta elegancia cuesta dinero… ¡Hm! ¡Y tal vez la propia Sonia quebrará hoy, pues siempre hay un riesgo cazando piezas mayores… excavando en busca de oro… y entonces mañana todos se quedarían sin un mendrugo de no ser por mi dinero. ¡Huraja por Sonia! ¡Qué mina han excavado ahí! ¡Y le sacan el mayor partido! ¡Sí, le sacan el mayor partido! Han llorado por ello y se han acostumbrado. ¡El hombre se acostumbra a todo, el canalla!
Se hundió en sus pensamientos.
—¿Y si me equivoco —exclamó de pronto tras un momento de reflexión—, y si el hombre no es en realidad un bribón, el hombre en general, quiero decir, toda la raza humana?, entonces todo lo demás son prejuicios, temores artificiales y no hay barreras, y todo está como debe estar.