—respondió Raskólnikov con desprecio.
Razujimín hizo un movimiento.
“Y, en tal caso, ¿serías capaz —ante dificultades y penurias mundanas o por algún servicio a la humanidad— de sortear obstáculos?… Por ejemplo, ¿de robar y asesinar?”.
Y de nuevo guiñó el ojo izquierdo y rio sin hacer ruido exactamente igual que antes.
—Si lo hubiera hecho, ciertamente no se lo diría —respondió Raskolnikov con un desdén desafiante y altanero.
—No, solo me interesaba a causa de su artículo, desde un punto de vista literario…
«¡Bah! ¡Qué obvio e insolente es eso!», pensó Raskólnikov con repugnancia.
—Permítame hacer una observación —respondió con sequedad—, y es que no me considero un Mahoma ni un Napoleón, ni ningún personaje de esa laya, y al no ser ninguno de ellos, no puedo decirle cómo