presidiendo. ¿Lo creerías? ¡Insisten en la completa ausencia de individualismo y eso es justo lo que les chifla! No ser uno mismo, ser lo más dispares posible a sí mismos. Eso es lo que consideran la cúspide del progreso. Ojalá sus disparates fuesen suyos, pero tal como están las cosas…
—¡Escucha! —interrumpió Pulqueria Alexandrovna tímidamente, pero aquello no hizo más que echar leña al fuego.
—¿Qué le parece? —gritaba Razumijin, más fuerte que nunca—, ¿cree que los ataco por decir tonterías? ¡Ni mucho menos! Me gusta que digan tonterías. Es el único privilegio del hombre sobre todas las creaciones. ¡A través del error se llega a la verdad! ¡Soy un hombre porque me equivoco! Nunca se alcanza ninguna verdad sin cometer catorce errores y, muy probablemente, ciento catorce. Y está muy bien, a su manera; ¡pero ni siquiera somos capaces de equivocarnos por cuenta propia! Di tonterías, pero di tus propias tonterías, y te besaré por ello.