desarrollo! ¡Dios mío, qué … tosca sigues siendo! Nos esforzamos por la libertad de las mujeres y tú solo tienes una idea en la cabeza … Dejando a un lado la cuestión general de la castidad y el pudor femenino por considerarlos inútiles en sí mismos y, de hecho, prejuicios, yo acepto plenamente su castidad conmigo, porque eso le corresponde decidirlo a ella. Por supuesto, si ella misma me dijera que me desea, me consideraría muy afortunado, porque la muchacha me gusta mucho; pero tal como están las cosas, nadie la ha tratado jamás con más cortesía que yo, con más respeto hacia su dignidad … ¡Espero al Albur, eso es todo!
“Mucho mejor harías en hacerle un regalo de algo. Apuesto a que nunca habías pensado en eso”.
“¡No lo entiendes, como ya te he dicho! Por supuesto, ella se encuentra en esa situación, pero es otra cuestión. ¡Muy otra cuestión! Simplemente la desprecias. Al ver un hecho que consideras erróneamente digno de desprecio, te niegas a adoptar un punto de vista humano hacia un semejante.
¡No sabes qué carácter tiene! Solo siento que últimamente haya dejado por completo de leer y de pedir libros prestados. Yo solía prestárselos. Siento también que, con toda la energía y resolución para protestar —que ya ha demostrado una vez—, tenga poca confianza en sí misma, poca, por decirlo así, independencia, como para liberarse de ciertos prejuicios y ciertas ideas necias.
Aun así, comprende a fondo algunas cuestiones, por ejemplo, acerca del besamanos, es decir, que para una mujer es una ofensa que un hombre le bese la mano, porque es un signo de desigualdad. Tuvimos un debate al respecto y se lo describí. También escuchó atentamente una explicación sobre las asociaciones de obreros en Francia. Ahora le estoy explicando la cuestión de entrar en la habitación en la sociedad futura”.
—¿Y qué es eso, por favor?