Páshenka cuando eras su prometido, y te digo todo esto como amigo. … Pero te diré lo que pasa: un hombre honesto y sensible es abierto; y un hombre de negocios «escucha y sigue devorándote». Bien, pues ella entregó el pagaré a modo de pago a este Tchebarov, y sin dudarlo él exigió formalmente el cobro. Cuando me enteré de todo esto, quise cantarle las cuarenta a él también, para quedarme con la conciencia tranquila, pero para entonces ya reinaba la armonía entre Páshenka y yo, e insistí en detener todo el asunto, comprometiéndome a que tú pagarías. Fui tu fiador, hermano. ¿Entiendes? Llamamos a Tchebarov, le tiramos diez rublos y le recuperamos el pagaré, y aquí tengo el honor de presentártelo. Ahora confía en tu palabra. Toma, aquí lo tienes, ya ves que lo he roto.
Razujin dejó la nota sobre la mesa. Raskólnikov lo miró y se volvió hacia la pared sin decir una palabra. Hasta a Razujin le dio un vuelco en