golpe; «¡vaya que si eran rastros! La punta del calcetín estaba empapada en sangre»; sin duda había pisado sin cuidado aquel charco. … «Pero ¿qué hago ahora con esto? ¿Dónde voy a meter el calcetín, los harapos y el bolsillo?».
Los juntó todos en sus manos y se quedó de pie en medio de la habitación.
—¿En la estufa? Pero lo primero que harían sería registrar la estufa. ¿Quemarlos? ¿Pero con qué voy a quemarlos? Si ni siquiera hay cerillas. No, es mejor salir y tirarlo todo por ahí en alguna parte. Sí, es mejor tirarlo —repitió, volviéndose a sentar en el sofá—, y de inmediato, en este mismo instante, sin demora...
Pero su cabeza volvió a hundirse en la almohada. De nuevo lo asaltó el insoportable escalofrío helado;