de su muerte Marfa Petrovna te dejó tres mil rublos en su testamento, Dounia, y que podrás cobrar ese dinero muy pronto.
—¡Gracias a Dios! —exclamó Pulqueria Aleksándrovna persignándose—. ¡Ruega por su alma, Dunia!
—¡Es un hecho! —brotó de Luzhin.
—Dinos, ¿qué más? —urgió Dunia a Raskólnikov.
“Luego dijo que no era rico y que toda la hacienda se la había dejado a sus hijos, que ahora están con una tía; después, que se hospedaba en algún lugar no muy lejos de mí, pero dónde, no lo sé, no le pregunté. …”
—Pero ¿qué, qué es lo que le quiere proponer