hacía tiempo. Ese otro era tu padre, Polya; papá se puso furioso…
—¿Está lista el agua? ¡Dame la camisa y las medias! Lida —le dijo a la más joven—, esta noche tendrás que pasarte sin enagua… y saca tus medias junto con ella… Las lavaré juntas… ¿Cómo es que ese borracho vagabundo no entra? ¡Se ha puesto la camisa hasta que parece un trapo de cocina, la ha hecho jirones! ¡Lo haría todo junto, para no tener que trabajar dos noches seguidas! ¡Ay, Dios mío! (¡Tos, tos, tos, tos!) ¡Otra vez!
—¿Qué es esto? —exclamó, al reparar en un grupo en el pasillo y en los hombres que, introduciéndose a empujones en su habitación, transportaban una carga—. ¿Qué es? ¿Qué traen? ¡Dios mío!
—¿Dónde lo vamos a poner? —preguntó el agente de policía, mirando a su alrededor cuando