dirigida a usted y a nadie más.
Puliqueria Aleksándrovna se sintió un tanto ofendida.
—Parece usted creer que estamos completamente bajo su autoridad, Piotr Petróvich. Dunia le ha explicado el motivo por el que se ha desatendido su deseo; lo hizo con la mejor intención. Y, en verdad, escribe usted como si me estuviera dando órdenes. ¿Hemos de considerar cada deseo suyo como una orden? Permítame decirle, por el contrario, que ahora debería mostrarnos una delicadeza y consideración especiales, puesto que lo hemos dejado todo y hemos venido aquí confiando en usted, y por consiguiente nos encontramos en cierto modo en sus manos.
—Eso no es completamente verdad, Pulqueria Alexándrovna, especialmente en el momento actual, cuando ha llegado la noticia de la herencia de Marfa Petrovna, que parece de verdad muy oportuna, a juzgar por el nuevo tono que usted adopta conmigo —añadió con sarcasmo.