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nydus/Crime and PunishmentPublic
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IV

también. Uno debe estirar la pierna hasta donde alcance la sábana, pero ¿qué hay de usted, señor Luzhin? Ella es su prometida… Y usted bien sabe que la madre tiene que empeñar su pensión para costear el viaje. Desde luego, es un asunto de negocios, una sociedad de beneficio mutuo, con partes y gastos iguales; —comida y bebida incluidas, pero pague su propio tabaco. El hombre de negocios también ha sacado ventaja de ellas. El equipaje costará menos que sus pasajes y muy probablemente les salga gratis. ¿Cómo es posible que ambas no vean todo eso, o es que no quieren verlo? ¡Y están contentas, contentas! ¡Y pensar que esto es solo el primer brote, y que los frutos de verdad están por venir!

Pero lo que de verdad importa no es la mezquindades, no es la tacañería, sino el tono de todo aquello. Porque ese será el tono después del matrimonio, es un anticipo de este. ¿Y mamá también, a qué viene tanta generosidad? ¿Qué le va a quedar para cuando llegue a Petersburgo? Tres rublos de plata o dos «de papel», como ella dice... esa anciana... hm. ¿De qué espera vivir después en Petersburgo? Ya tiene motivos para intuir que no podría vivir con Dunia después de la boda, ni siquiera los primeros meses. Sin duda, el buen hombre habrá soltado alguna indirecta sobre el tema, aunque mamá lo niegue: «Pues me negaré», dice ella. ¿En quién confía entonces? ¿Cuenta con lo que le quede de su pensión de ciento veinte rublos una vez pagada la deuda de Afanasi Ivánovich? Se pasa las horas tejiendo chales de lana y bordando puños, arruinándose los viejos ojos. Y sé muy bien que todos sus chales no le aportan más de veinte rublos al año a esos ciento veinte. De modo que está cifrando todas sus esperanzas en la generosidad del señor Luzhin; «él mismo se ofrecerá, me lo suplicará». ¡Puedes esperar sentado!

Así es siempre con estos corazones nobles a lo Schiller; hasta el último momento para ellos cada gansa es un cisne, hasta el último momento esperan lo mejor y no quieren ver nada malo, y aunque vislumbren la otra cara de la moneda, no afrontan la verdad hasta que se ven obligados

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