con mi hermano, por mi hermano debo romper contigo. Ahora puedo averiguar con certeza si él es un hermano para mí, y quiero saberlo; y de ti, si te soy querida, si me estimas, si eres el esposo indicado para mí.
—Avdotya Romanovna —declaró Luzhin con petulancia—, sus palabras tienen demasiada importancia para mí; diré más, resultan ofensivas dada la posición que tengo el honor de ocupar respecto a usted. Por no hablar de su extraña y ofensiva costumbre de ponerme a la altura de un muchacho impertinente, usted admite la posibilidad de faltar a su promesa dada. Dice usted «usted o él», demostrando con ello cuán poca importancia tengo a sus ojos… No puedo pasar esto por alto considerando la relación y… las obligaciones existentes entre nosotros.
—¡Cómo! —exclamó Dunia, enrojeciendo—. ¡Pongo tu interés por encima de todo lo que hasta ahora ha sido más sagrado en mi vida, de lo que ha constituido toda mi vida, y resulta que te ofendes porque te tengo en tan poco!