Y, en verdad, si alguna vez hubiera ocurrido que todo, hasta el más mínimo detalle, hubiese quedado meditado y zanjado definitivamente, y no quedara ninguna clase de incertidumbre, él lo habría renunciado todo, al parecer, por considerarlo algo absurdo, monstruoso e imposible.
Pero quedaba toda una masa de puntos sin resolver e incertidumbres.
En cuanto a conseguir el hacha, ese insignificante asunto no le causaba ninguna ansiedad, pues no había nada más fácil. Nastasya estaba continuamente fuera de casa, especialmente por las noches; iba corriendo donde los vecinos o a una tienda, y siempre dejaba la puerta entreabierta. Era lo único por lo que la patrona la regañaba siempre.
Y así, cuando llegara el momento, solo tendría que entrar silenciosamente en la cocina y coger el hacha, y una hora después (cuando todo hubiera terminado) entrar y volver a dejarla en su sitio. Pero estos eran puntos dudosos.
- Supongamos que regresaba una hora después para devolverla, y Nastasya había vuelto y estaba allí mismo.
- Tendría por supuesto que pasar de largo y esperar hasta que volviera a salir.
- Pero supongamos que mientras tanto ella echaba de menos el hacha, la buscaba, armaba un escándalo... eso significaría sospecha o, al menos, motivos de sospecha.
Pero todas esas eran pequeñeces en las que ni siquiera había empezado a pensar, y a decir verdad no tenía tiempo. Pensaba en lo principal y postergaba los detalles insignificantes hasta el momento en que pudiera creer en el conjunto. Pero eso parecía del todo inalcanzable. Al menos así le parecía a él mismo. No podía imaginarse, por ejemplo, que en algún momento dejaría de pensar, se levantaría e iría sencillamente allí. … Incluso su reciente experimento (es decir, su visita con el propósito de inspeccionar el lugar por última vez) había sido simplemente un intento