—¡Qué joven tan competente y… tan dedicado! —exclamó Pulqueria Aleksándrovna, sumamente encantada.
—¡Me parece una persona espléndida! —replicó Avdotia Románovna con cierta vehemencia, reanudando su paseo de un lado a otro de la habitación.
Casi una hora después oyeron pasos en el pasillo y otra vez llamaron a la puerta. Las dos mujeres esperaron esta vez confiando plenamente en la promesa de Razumijin; él había conseguido en efecto traer a Zósimov. Zósimov había aceptado de inmediato abandonar la reunión de bebedores para ir a casa de Raskólnikov, pero llegó de mala gana y con la más absoluta desconfianza al ver a las señoras, recelando de Razumijin debido a su estado eufórico.
Pero su vanidad se vio al instante reconfortada y halagada; comprendió que en verdad lo aguardaban como a un oráculo. Se quedó apenas diez minutos y logró convencer y consolar por completo a Pulqueria Alexandrovna. Habló con una simpatía ostensible, pero con la reserva y