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nydus/Crime and PunishmentPublic
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I. Epílogo

recordaba cómo eran las alhajas, ni siquiera cuántas había. El hecho de que nunca hubiera abierto el monedero y ni siquiera supiera cuánto dinero había en él parecía increíble. Resultó que en el monedero había tres cientos diecisiete rublos y sesenta kopeks. De estar tanto tiempo bajo la piedra, algunos de los billetes más valiosos que quedaban arriba se habían visto afectados por la humedad. Estuvieron mucho tiempo intentando descubrir por qué el acusado mentía acerca de esto, cuando sobre todo lo demás había hecho una confesión veraz y directa. Finalmente, algunos de los abogados más versados en psicología admitieron que era posible que realmente no hubiera mirado en el monedero y, por tanto, no supiera lo que había dentro cuando lo ocultó bajo la piedra. Pero de inmediato dedujeron que el crimen solo podía haberse cometido a causa de un trastorno mental transitorio, de una manía homicida, sin propósito ni búsqueda de lucro. Esto encajaba con la teoría moderna más de moda sobre la locura transitoria, aplicada tan a menudo en nuestros días en los casos criminales. Además, la condición hipocondriaca de Raskólnikov quedó demostrada por numerosos testigos, por el doctor Zosímov, por sus antiguos compañeros de estudios, por su dueña y por la criada de esta. Todo esto apuntaba firmemente a la conclusión de que Raskólnikov no era exactamente como un asesino y ladrón ordinario, sino que había otro elemento en el caso.

Para intenso disgusto de quienes sostenían esta opinión, el criminal apenas intentó defenderse. A la pregunta decisiva sobre qué motivo le había impulsado al asesinato y al robo, respondió con suma claridad y la más burda franqueza que la causa había sido su mísera situación, su pobreza y desamparo, y su deseo de asegurar sus primeros pasos en la vida con la ayuda de los tres mil rublos que contaba con encontrar. Le había

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