—Callaré —dijo Nello, poniéndose un dedo en los labios con un encogimiento de hombros a modo de respuesta—. Pero solo entre cuatro ojos hablo tonterías sobre ella.
—¡Perdón! Estuviste a punto de hacerlo hace un momento en presencia de otros. Si quieres arruinarme ante Bardo y su hija...
—¡Basta, basta! —dijo Nello—. Soy un barbero viejo y absurdo. Todo proviene de esa abstinencia mía de no haber escrito malos versos en mi juventud: por no haber dejado que mi locura se desahogara por ese lado cuando tenía dieciocho años, se me escapa por la punta de la lengua ahora que estoy en la indecorosa edad de los cincuenta. Pero Nello no tiene la cabeza envuelta por todo eso; puede ver un búfalo en la nieve. Addio, giovane mio.”