Pero las manos de los Bardi eran de aquellas que no solo empuñan con vigor la empuñadura de la espada, sino que aman el placer más delicado de juguetear con la moneda acuñada: poseían además unos verdaderos ojos florentinos, capaces de discernir que el poder se ganaba por otros medios que no fueran el desgarro y la rapiña, y a mediados del siglo XIV los encontramos ya elevados desde su condición original de popolani hasta convertirse en poseedores, por compra, de tierras y fortalezas, y de la dignidad feudal de condes de Vernio, turbando los celos de sus conciudadanos republicanos.
Estas suntuosas compras se explican si vemos a los Bardi desastrosamente señalados pocos años después como situados a la vanguardia misma del comercio europeo —los Rothschild cristianos de aquella época—, comprometiéndose a sufragar moneda para las guerras de nuestro Eduardo tercero, y recibiendo a cambio ingresos «en especie»; en especial en lana, la más preciada de las cargas para las galeras florentinas.
Su augusto deudor los dejó con un augusto déficit, y unos acreedores sicilianos alarmados hicieron una exigencia demasiado repentina de devolución de los depósitos, lo que provocó una sacudida ruinosa para el crédito de los Bardi y de las casas asociadas, que se sintió como una calamidad comercial a lo largo de todas las costas del Mediterráneo.
Pero, como los quebrados más modernos, no por ello ocultaron la cabeza con humillación; por el contrario, parecían llevarla más alta que nunca, y haberse contado entre los más arrogantes de aquellos magnates que, bajo ciertas circunstancias notables, accesibles a cualquiera que lea las honradas páginas de Giovanni Villani, atrajeron sobre sí la exasperación del pueblo en armas en 1343. Los Bardi, que se habían hecho fuertes en su calle entre los dos puentes, defendieron estos estrechos accesos, como panteras acorraladas, frente a los estandartes del pueblo que avanzaban, y solo fueron obligados a ceder mediante un asalto desde la colina situada a sus espaldas. Sus casas junto al río, en número de veintidós (palagi e case grandi),