de parte ofendida; él no siente ningún cardenal en su propio cuerpo y es muy consciente de su propio comportamiento amable desde que asestó el golpe. Pero Tito no tenía una disposición natural a sentirse ofendido; la tendencia constante de su mente era hacia la reconciliación, y habría tolerado mucho con tal de volver a sentir la mano de Romola apoyada en su cabeza, como aquella mañana en que él apartó los ojos por primera vez para no
Pero le resultaba tanto menos difícil esperar pacientemente el retorno de la felicidad en su hogar, cuanto que su vida al aire libre le interesaba cada vez más. Un curso de acción que, en rigor, es el resultado de un lento desarrollo de todo el carácter, puede atribuirse casi siempre, sin embargo, a una sola impresión como su aparente punto de origen; y desde aquel momento en la Piazza del Duomo, cuando Tito, subido a los fardos, había experimentado un intenso placer al ser consciente de su habilidad para halagar los oídos de los hombres con cualquier frase que les agradara, su imaginación no había dejado de inclinarse hacia una especie de actividad política para la cual la atribulada vida pública de Florencia bien podría ofrecerle la ocasión. Pero el nuevo temor a Baldassarre, despertado en ese mismo instante, había yacido como un obstáculo rocoso e insuperable en ese camino, y lo había empujado a la venta de la biblioteca, como preparación ante la posible necesidad de abandonar Florencia, justo cuando empezaba a sentir que esta ciudad ejercía un nuevo atractivo sobre él. Ese temor estaba casi disipado ahora: aún debía llevar su armadura, debía prepararse para posibles exigencias a su sangre fría y su ingenio, pero no se sentía obligado a dar el incosteable paso de abandonar Florencia y buscar nuevos rumbos. Su padre había rechazado la reparación ofrecida —lo había obligado al desafío—, y un anciano en un lugar extraño, con la memoria perdida, era lo suficientemente débil como para desafiarlo.
Los deseos implícitos de Tito se estaban abriendo paso ahora en forma de pensamientos muy explícitos. A medida que la frescura de la joven pasión