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LXVI

encolerizada y en constante aumento. No sin resistencia. Pues los monjes, conscientes desde hacía tiempo de la creciente hostilidad exterior, tenían armas entre sus muros, y algunos de ellos luchaban con tanta energía en sus largas túnicas blancas como si hubieran sido Caballeros Templarios. Ni siquiera el mandato de Savonarola pudo prevalecer contra el impulso de defensa propia en brazos que aún eran musculosos bajo la jerga dominica. Había también laicos que no habían querido marcharse, y algunos de ellos lucharon con fiereza: * se hacían disparos desde el altar mayor, cerca del gran crucifijo, * se arrojaban piedras y rescoldos desde el tejado del convento, * se libraban combates cuerpo a cuerpo con espadas en los claustros. A pesar de la fuerza de los atacantes, el ataque duró hasta bien

Las demostraciones del Gobierno se habían dirigido enteramente contra el convento; al comienzo del asalto se habían enviado guardias, no para dispersar a los asaltantes, sino para ordenar a todos los que estaban dentro del convento que depusieran las armas, a todos los seglares que se marchasen de él, y al propio Savonarola que abandonara el territorio florentino en el plazo de doce horas.

De haber abandonado Savonarola el convento entonces, difícilmente se habría librado de ser hecho trizas; él estaba dispuesto a irse, pero sus amigos se lo impidieron. Se consideraba que era un gran riesgo incluso para algunos seglares de alto linaje marchar por la tapia del jardín, pero entre quienes habían optado por hacerlo se encontraba Francesco Valori, quien esperaba conseguir auxilio desde el exterior.

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